Sam

Sam

lunes, 20 de junio de 2011

capitulo 7

No caí en un sueño tan profundo como la última vez, al menos no me lo pareció puesto que en momentos de lucidez podía despejarme del sueño interrumpido que me asaltó esa noche. Desperté al parecer unas horas después Peter llamó a la puerta y me comunicó que en breves traería un desayuno sustancial, que esperaban verme recuperada pronto. No le comenté nada de lo sucedido anoche, no quería que Peter se enterase de mi plan de huída fallido, al menos no por el momento.
Jake no hizo acto de presencia en mi habitación durante toda la mañana.
Tomé el desayuno con Peter, hablando de cosas sin importancia, del instituto y de las numerosas muchachas que soñaban con él. Se limitaba a sonreírme y desviar la mirada, era la primera vez en lo que llevaba aquí que me sentía agusto, que me sentía bien, gracias a Peter. Ese chico no era solo una bonita carcasa, me demostraba que no quería hacerme daño, que me iba a ayudar a superar esta nueva realidad a pesar de que éramos “diferentes”. Suponía un gran apoyo para mí.
Tras el desayuno me invitó a dar un paseo por las instalaciones, era la primera salida “legal” que iba a hacer desde que llegué.
Peter me explicaba que esta instalación era una antigua mansión a las afueras de Londres rehabilitada para el disfrute de ellos, que a pesar de ser muy jóvenes tenían sus contactos para adquirir las cosas legalmente y sin problemas. Aun que sentía curiosidad de saber más sobre esto, como por ejemplo que era de sus padres, no lo pregunté, supuse que si no me había contado esta parte sería porque no quería que supiese más de lo necesario de él. La mansión gótica estaba llena de habitaciones vacías, solo eran tres personas, no conseguía entender el porqué de una mansión hasta que me comentó que antiguamente, cuando ellos eran pequeños prácticamente todas las habitaciones estaban ocupadas, pero ocurrió “algo” que espantó a todos y solo ellos echaron raíces aquí. Su tono de voz vacilaba cuando hablaba de esto. “Investigaré sobre ese “algo” más adelante” pensé.
Finalmente llegamos a una amplia sala, con sofás de tapiz blanco adornados con cruzados de oro, paredes blancas de mármol al igual que el suelo, y un enorme ventanal que daba a un jardín lleno de rosas rojas. Los cuadros de aquella sala parecían robados de algún museo del siglo XVI, antiguos monarcas medievales de rasgos pintorescos aparecía en ellos. Era una estancia sobrecogedora, propia de tiempos antiguos.
-Este es el salón, ahí tienes una televisión, rompe los esquemas de este decorado pero ¿qué hacen unos adolescentes sin televisión aparte de cazar demonios? Vamos a quedarnos aquí un rato, voy a devolverte un poco a tu normalidad. Mañana seguiremos con el tour turístico por los pisos inferiores.
¿Pisos inferiores? Más que una mansión me parecía un castillo, mi imaginación me hizo pensar que abajo se encontraban las mazmorras, típicas estancias talladas en rocas mugrosas y sucias donde se podrían los demonios que cazaban. Tendría que esperar para descubrirlo.
Hacia el mediodía un taconeo fuerte y agitado se escuchó por encima del monólogo que sonaba en la televisión. La chica hostil apareció con el rostro salpicado de gotas negras y en su fina piel mostraba un arañazo propio de una garra felina del que brotaba una sangre espesa que caía al suelo como perlas de rubí, manchando el impoluto mármol.
-¡Peter! ¡Jake está solo, necesita tu ayuda! Traté de hacerles frente con él pero me resultó imposible ¡Nos asaltaron!
Peter dio un saltó del sofá, parecía que una alarma invisible hubiese agitado la mansión.
-¡Penélope cuida de Sam! Volveré con Jake.
Agarró a toda prisa una cazadora negra que colgaba de un perchero, sin ponérsela, abrió la ventana que daba al jardín y entonces vi lo que me hizo creer que todo aquel cuento de demonios y seres sobrenaturales no era una falacia. De su espalda, brotaron dos enormes alas, como las de un ángel, de un blanco manchado y sucio más grises que de otro color. Cuando escuchó el sonido de mi garganta que representaba mi sorpresa dirigió una mirada hacia atrás, me miró como nunca lo había hecho, con pena en sus ojos, como si fuese un monstruo y hubiese destapado su faceta más horrible. Volvió su cabeza al cielo y batió sus alas, agitando el viento. En cuestión de segundos despegó como un pájaro, alzando el vuelo. El vendaval me impidió ver más que esa escena, tuve que cubrirme la cara con los brazos para evitar que los guijarros levantados por el viento me golpeasen la cara. Fui testigo de que los ángeles existían. Un quejido me devolvió en sí, la muchacha, que al parecer se llamaba Penélope se observaba sentada sobre sus rodillas en el mármol el arañazo, evitando soltar más quejas del dolor que parecía abrasarla viva. Me acerqué hacía a ella decidida a ayudarla pero antes de alcanzarla con voz temblorosa me dijo:

-No te acerques a mi humana.- las gotas de sangre bañaban el mármol cada vez más.
-¡Tenemos que curarte eso no seas idiota, a este paso vas a desangrarte!
Rió de tal manera que me pareció igual que una hiena, me dirigió una mirada llena de desdén.
- ¿De verdad crees que las heridas de demonios se curan con agua y alcohol? No puedes ayudarme, no sirves para nada.- un quejido aún más desgarrador que el anterior se hizo eco en el salón.- Tráeme un trapo rápido.
¿Un trapo?¿ De dónde iba a sacar un trapo si ni si quiera sabía dónde estaba mi habitación? Casi instintivamente mordí la manga de mi camiseta azul y rasgué una tira de tela lo bastante larga para rodear el brazo de Penélope. Le tendí el jirón y esta lo agarro de mala gana, lanzando un zarpazo. A duras penas consiguió atarse con la boca y la mano del brazo no herido el trapo, taponando la constante salida de sangre. <" Cualquier persona habría muerto con la cantidad de sangre que ha derramado " pensé. Penélope suspiró y con esfuerzo se puso en pie.

capitulo 6

Ante mi sorpresa, no eran ni Peter ni Jake, si no una muchacha de mi edad, tal vez un año mayor. Su largo cabello caía alrededor de su rostro, perfilándolo con ondas tan prominentes como perfectas, como las suaves olas del océano bañando una costa de arena tan blanca como la cal. Parecía una de esas muñecas de porcelana que tanto me aterrorizaban cuando era pequeña. Su rostro era firme e insólito, tan enigmático como el de Jake, frío, mortífero, calculador…
-Aquí tienes tu cena.- Siseaba como una serpiente. Tenía un tono ácido, como si en cualquier momento fuese a soltar veneno.
-Gracias.- Me sentía intimidada con esos ojos inquisidores de serpiente mirándome.
-Disfruta, tienes suerte de que no te haya echado veneno en la comida.- parpadeé unos segundos, sorprendida, esa mujer quería matarme.
-¿A qué viene tanta hostilidad? ¿Que te he hecho yo?- me atreví a recriminar.
-Existir, los humanos no deberíais existir, sois una raza imperfecta, llena de hipocresía y crueldad. Nunca tenéis suficiente, maltratáis todo cuanto os rodea incluso a las personas que queréis. Si yo hubiese sido Jake, te habría matado yo misma. No sé que vio en ti, no eres más que otra malformación de la naturaleza.- Cerró con un portazo y se marchó.
No sé cómo había conseguido el odio de otra psicópata más por el hecho de ser humana. Era algo tan descabellado como estúpido sin embargo, cada vez creía más en la historia de Jake y de Peter, al final una persona sana estaba perdiendo su cordura con tanto psicópata.
Tenía que marcharme de allí, cuando la noche reinase y todos estuvieran durmiendo. Por lo pronto solo podía esperar y dejar la bandeja llena, a pesar de no haber digerido nada con tan solo pensar en ingerir algo se me revolvían las entrañas.
Espere con paciencia planeando una huida perfecta, investigando como salir de estas cuatro paredes sin ser vista y contarle lo sucedido a Frederick y mi madre, que me abrazase como cuando tenía ocho años y las pesadillas se adueñaban de mí susurrándome que todo estaba bien, que era solo un sueño. No sabría decir cuánto tiempo estuve esperando al momento perfecto pero sentí un impulso irrefrenable que me llevaría a la libertad y supe, que aquél era el momento. Me levante de la cama con cuidado, evitando que los muelles chirriasen y me delataran. Con delicadeza abrí la puerta que cedió con un chasquido. Viré la cabeza a ambos lados, con ojos avizor, pero solo conseguía ver un largo pasillo reinado de oscuridad, con tenues rayos de luna que se filtraban a través de los ventanales de adornos góticos. La superficie del suelo era puro mármol, tan suave al tacto de mis pies descalzos que me producía una sensación agradable. Caminé pegada a la pared, deslizándome con cuidado y evitando cualquier ruido. Apenas había avanzados unos pasos, cuando sentí la presencia de alguien justo detrás de mí. Estaba aterrada, era como una de esas películas de miedo en las que el asesino, el fantasma o el elemento más inquietante se encontraban justo detrás de la protagonista. Pensé rápido y propiné un codazo hacia atrás intentando quitarme ese “algo” de mis espaldas. Para mi sorpresa todo ocurrió muy deprisa, sentí unas garras de acero presionando mi muñeca, tiró de mí con la misma facilidad que una muñeca dándome media vuelta, chocándome la espalda con brusquedad en la pared. Reprimí un grito de dolor justo al tiempo que abría los ojos buscando a mi atacante.
Jake.
Me miraba con esos ojos de sosiego, de tranquilidad y paz, tan cerca que podía sentir su aliento. A la luz de la luna, sus angulosas facciones brillaban con una palidez sobrenatural, exótica, lo que me hizo pensar en esos instantes que parecía el chico más atrayente que había visto nunca.
-¿Pretendías escapar?- Mi corazón se aceleró irrefrenablemente, una mezcla entre terror y nerviosismo. No encontraba palabras para excusarme además aun que las tuviese la maraña de nervios me impediría hablar. Aproximó sus labios a mi oído izquierdo, pude sentir como se acercaba más y más hasta que apenas un centímetro nos separaba.- No me he jugado el cuello en aquella fiesta por una simple humana, hazme ver que vales la pena y no pretendas huir como una cría asustada.- su voz era apenas un susurro.
Todo comenzó a darme vueltas, una sensación semejante al desmayo que me llevó hasta aquí. Fui incapaz de mantener el equilibrio, mis piernas se doblaron y de nuevo, caí en brazos de Jake antes de perder el conocimiento.

capitulo 5

Seguía mareada cuando recuperé la consciencia. Notaba como los suaves latidos de mi corazón se transformaban en punzadas de dolor al llegar a mi sien. Traté de recordar lo vivido en un intento de explicar el penoso estado en el que me encontraba, pero solo pude salvar algunos episodios como mi llegada a Queens Gate o los mortíferos dientes de aquel ser con aspecto humano y extremadamente carismático.
Tenía los músculos entumecidos y paralizados, me dolían los huesos y parecía tener una tonelada de piedras encima de mis párpados. No podía dar ningún síntoma de mi consciencia, no por ahora. Estuve un rato inmóvil, intentando llegar a nadar en las lagunas que habían conquistado mis recuerdos, en vano. Unos diez minutos pasé, o eso me pareció, hasta que escuche el chasquido de una puerta al abrirse con delicadeza. Noté como la oscuridad daba paso a una luz que se filtraba a través de mis parpados, suave, no muy intensa, como la de una lamparita de noche. Pude imaginarme por las pisadas que inundaban la habitación, que no era solo una persona la que había entrado, si no, aproximadamente unas dos, las cuales entablaron una extraña conversación:
-¿Cuándo crees que despertará?- Era una voz femenina, firme, con una pizca de fastidio.- Lleva así tres días…
-Parece mentira que no sepas ya el efecto que pueden llegar a tener los encantos, si no sucumbes, mueres, es una suerte que haya sobrevivido.
Cuando escuché la voz que respondía a la femenina, algo en mi interior gritó de terror. Jake, el asesino de Annie, me había traído hasta aquí y al parecer me había salvado.
-¿Qué es lo que buscáis en ella? No entiendo porque no la dejasteis morir, ella no es uno de nosotros.- escupió aquellas palabras con desdén.
-Tiene un aura extraña.-contestó Jake con serenidad.
¿Un aura extraña? ¿Que no soy como ellos? Vale, algunas personas creía en el aura de las personas, pero todos somos humanos, no puede haber un: no soy como tú.
-Si no despierta pronto, la mataremos.- dijo la chica antes de volver a escuchar el chasquido de la puerta y un sonoro portazo.
Todo volvió al silencioso el cual me reconfortaba en esos momentos. Me sentía en una casa de locos o en el santuario de alguna secta satánica. Me iban a matar si no despertaba pronto ¿Qué querían que hiciese? No puedo moverme lo más mínimo, podrían matarme sin si quiera saber que estoy consciente, que no estoy en coma. Cada vez estaba más asustada, me sentía impotente e inútil.
-Sé que puedes oírme, no dejaré que te maten.- Jake, me susurraba al oído.
Podía notar su presencia a mi lado, lo que me alteraba aún más. No dejaría que me asesinasen, pero él mató a Annie, aquello era una locura.
Del miedo saqué fuerzas, mis párpados temblaron un momento antes de abrirse lentamente y con dificultad. Al principio tuve que cerrar los ojos varias veces, la escasa luz me quemaba como el fuego la retina. Estaba tirada en una cama complemente blanca, entre cuatro paredes que bajo el influjo de la luz adquirían un tono anaranjado, y justo a mi lado Jake me observaba con atención sentado en una silla. Parecía no haber dormido mucho, dos agujeros oscuros, que contrastaban con el pálido de su piel, caían bajo sus ojos. Me dedicó una media sonrisa.
-Mis palabras te han causado efecto por lo que veo.
No contesté, tenía mil preguntas que hacerle como para gastar la poca energía que había aflorado.
-Te traeré algo para beber, llevas tres días sin ingerir nada.
Antes de poder decirle nada, el chico desapareció por el umbral dejando la puerta cerrada, pero no tardo ni cinco minutos en volver.
Me ayudó a incorporarme un poco y me tendió una taza de un extraño brebaje azulado que desprendía volutas de humo del mismo color. Jamás había visto un líquido igual. Acerqué la nariz para olerlo, pero no me sirvió de nada.
-bébetelo, te ayudará a recuperar el habla.- me informó.
Sorbí un poco, tenía un extraño sabor salado, pero estaba delicioso y además me calentaba la garganta.
Mientras yo me bebía a pequeños tragos el preparado, él me observaba con curiosidad, como si esperase algo. Cuando terminé le devolví el vaso y lo dejó en una pequeña cómoda al lado de mi cama, donde brillaba la lamparita que iluminaba la habitación.
Tragué saliva mientras le devolvía la mirada a Jake, entonces fui capaz después de tres días, de articular palabra.
-¿Dónde estoy?- mi voz era ronca y adormecida, apenas un hilo.
-En mi casa. Siguiente pregunta.- parecía divertirse viéndome tan desconcertada.
-Eres un asesino.- la palabras fluían a medida que aparecían en mi pensamiento.
-Se podría decir que soy un asesino, sí, pero si ejerzo de esto es para salvaros a vosotros.
-¿a nosotros?- no entendía lo que quería decir.
-Sí, a los humanos.
-Estás loco, tú también eres un humano.- empecé a tomar un tono ácido.
-¿La Annie que viste lo era? ¿El chico que nos perseguía lo era?- parecía impacientarse.- verás, creemos que tu tampoco eres una humana, por eso te salvé, pero no estamos seguros, no tienes ninguna cualidad especial, ni nuestra complexión, pero tienes un aura llamativa.
-¿Qué no soy humana? Que quieres decir ¿Qué soy?- parecía hablar con un psicópata.
- Es posible que…
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiese contestarme. Vi entonces una sonrisa radiante dibujada en un rostro dulce con mechones de cabello dorado cayéndole por la frente. Peter, estaba aquí. Se abalanzó sobre mí, rodeándome con los brazos como si hubiese vuelto a verme después de largos años. Jake soltó un bufido.
-¡Por fin has despertado!- me dijo.
-Peter ¿Qué está pasando?- no le conocía muy bien, pero me inspiraba la confianza que Jake no podía.
-Es una larga historia San. Te viste involucrada en algo que no tenía nada que ver contigo, fue un error fatal, puede que ya no vuelvas a ver la vida como la veía antes…
-Corta ya Peter- le frenó Jake- San, no somos humanos, somos híbridos, entre Ángeles y Demonios, Annie era una demonio y por eso tuve que matarla, al igual que el chico que te encantó en la fiesta. Somos más resistentes a los demonios que los ángeles porque tenemos su sangre corriendo por nuestras venas, y viceversa. Por eso, ambas razas nos repudian.
-Has sido muy brusco- le regañó Peter- ¿Cómo pretendes que se recuperé así?
Me veían cara de tonta o algo así pensé, nadie se tragaría algo así. Así que con los nervios a flor de piel, con una mirada desafiante, les contesté.
-Quiero volver a casa, estáis locos ¿Qué os habéis tomado?
-Cálmate San…- suplicó Peter.
-¡Cómo quieres que me calme! Me estás tomando el pelo como una idiota, tú y el asesino.- parecí herir con aquello a Peter, su rostro de contrajo en un gesto de tristeza.
-San, por favor- estrechó mi mano entre las suyas- Sé que es difícil de creer.
-¿difícil?- solté una sonrisa sarcástica.- es imposible.
- Pon un poco de tu parte San, la realidad es mucho más de lo que a ti te han enseñado. Si te atreves a negar lo que no ves con tus ojos eres una necia.- Jake perdía la paciencia por momentos.
-Bien, supongamos que eso de ¿caza demonios? Es cierto. ¿Qué tiene que ver conmigo? Se vuestro secreto sí, pero ¿que mas tengo de protagonismo en esta historia?
-Jake nota algo extraño en ti, tienes un aura exótica, diferente a la del resto de humanos…-dejó aquellas palabras suspendidas.
-Quiero hacerte algunas pruebas.- me anunció Jake.
-¿Qué tipo de pruebas?
-Tranquila San, descansa y asimila lo que sabes hasta ahora. Cuando te recuperes completamente ya veremos que hacemos contigo.- La voz de Peter era como un punto de cordura en la locura en la que me encontraba.- Esta noche Jake velará.-Pude ver como Jake le lanzaba una mirada agitada a Peter, parecía no gustarle mucho la idea <> pensé.
-Dentro de una hora te traeremos la cena, mientras tanto intenta dormir un poco.-comentó Jake.
-¡espera! ¿Qué es de mi familia y de Frederick? Deben estar preocupados…
-Tranquila, nos hemos ocupado de eso.- Peter cerró la puerta tras de sí, dejándome de nuevo confusa y en una oscuridad tan densa dentro de mí, que la luz si quiera podía atravesar. ¿Cómo he llegado aquí? Hace apenas unas horas era una chica que acababa de comenzar sus deseadas vacaciones de verano ahora estaba secuestrada por dos psicóticos que decían ser caza demonios y una psicópata que quería matarme y a la cual no le había visto todavía.
En esta habitación sentía como los segundos se alargaban a minutos y los minutos a horas. Traté de mantener la mente fría, de no pensar y simplemente descansar pues así el tiempo me sabría a poco pero esas cuatro paredes me ahogaban en mis dudas. Cuan creí que se habían olvidado de mí, escuché el chasquido de la puerta, un soplo de aire frío para el estado en el que me encontraba.
Odiaba estar sola.

lunes, 14 de febrero de 2011

Little pony

Jamás había pedido algo fuera de la realidad, algo inalcanzable o imposible. Todo cuanto he pedido siempre era algo tan sencillo como una hoja de papel pintada, una tarjeta dedicada o un simple abrazo. Tal vez por eso la vida me recompensó con algo tan complejo, sutil y delicado como es este sentimiento. Es capaz de destruir, de acabar contigo y hacerte tan pequeña que ni con lupa podrían encontrarte. De hacerte sentir tan mal, que lo único que deseas es llorar, chillar y así finalmente quedarte rendida mirando al infinito y pensando que hiciste mal aún con los ojos entumecidos. Pero si algo es cierto, es que es el que puede hacerte volar más allá de las nubes, de arrancarte una sonrisa cuando todo lo que te rodea se viene abajo, de pensar que todo es posible y que puede darse vivir una eternidad, pero siempre a su lado. Haces que crea crea en los sueños y en la magia, haces que vuelva la inocencia.
El regalo más grande que podría tener: eres tu ^^

domingo, 13 de febrero de 2011

Capitulo 4

Cogí el primer taxi que se me presentó, pasé todo el trayecto escuchando una horrible balada country que hería a mis oídos. Agradecí llegar en poco más de diez minutos a Queen’s gate. El aire era extrañamente frío y cargado, igual que el que me sacudió al entrar en mi zaguán anoche, antes de toparme con la criatura por la que ahora estaba aquí. Tal vez esto fue el condicionante que me hizo pensar que iba en la dirección correcta. Seguí aquella atmosfera hasta que era aplastante, presionaba mis músculos, sumiéndome en una continua tensión, divisé entonces en una zona poco iluminada, prácticamente dentro de los terrenos de Hyde Park, un edificio que habría dado por abandonado si no mostrase en un portal de ventanas rotas un número doce oxidado y con el dos al revés. Era un edificio destrozado, pero algo llamó mi atención: todas las ventanas estaban en perfectas condiciones (excepto las del portal), tintadas de un color oscuro que me impedía ver el interior. Escuché unos pasos acelerados a mis espaldas, me abalancé detrás de un árbol, tenía demasiado miedo de que alguien hiciese conmigo lo que aquel chico hizo con Annie, así que me limité a observar.
Y allí estaba Peter, junto al asesino de Annie.
Se me revolvió el estómago, un nudo en la garganta que dificultaba respirar y notaba el latido de mi acelerado corazón golpeándome con fuerza en la sien. ¿Acaso se conocían? La rabia que sentía por la posibilidad de que Peter hubiese dejado morir a Annie en manos de aquel muchacho me consumía por dentro, como si una llama estuviese abrasando mi interior sin poder menguarla hasta que no supiese la verdad. Resultaba increíble ver la vitalidad que desprendía Peter en contraste con lo tétrico que el asesino aparentaba ser. Caminaban el uno junto al otro en dirección al edificio en ruinas manteniendo al parecer, por los gestos que describían sus manos, una dinámica conversación.
Me sentía engañada.
Los vi desaparecer a través de los cristales rotos, sin saber qué hacer. Creía que Peter era una persona amable y gentil, incapaz de hacer daño a nadie y esperaba con todas mis fuerzas que así fuese, que él no fuese cómplice del asesinato. Me obligué a mi misma a no juzgarle y no hacerlo me llevó a pensar lo peor: Es posible que se tratase de un asesino enserie y Peter sea su próxima víctima.
No podía permitirlo, de ninguna manera, esta posibilidad era la peor de todas y en cierto sentido la más probable conociendo, no mucho pero lo suficiente, a el dulce Peter. Actué de inmediato, sin pensar en ningún plan, me retrasaría y el tiempo ahora mismo corría en mi contra. Eché a correr lo más silenciosamente que pude y me deslicé a través del hueco entre las puertas entrecerradas. Observé a mi alrededor, Todo estaba oscuro, solo un pequeño haz de luz se dibujaba pisos arriba. Subí por aquellas polvorientas escaleras que crujían sin remedio en contacto con mi peso, adiós al ser sigilosa. A medida que ascendía la luz era más intensa y podía ver los portones comidos probablemente por toda una variedad de roedores y termitas, de los antiguos pisos que alguna vez fueron habitados. La barandilla era de un extraño color dorado, tal vez bañada en oro, pero ahora se presentaba sucia y con una gruesa capa de polvo encima. Pronto escuché la notas de un piano bailar en el silencio, y el murmullo de al menos una docena de personas. Me paralizó el terror, jamás podría enfrentarme a doce personas o incluso más.
Una sombra bajó con una rapidez sobrehumana por las escaleras, no me dio tiempo a reaccionar. Me encontré cara a cara con un bulto enorme, como los gorilas que había visto en de la vallé.
-¿Vienes sola?- Su voz me pareció igual que el siseo de una serpiente.
Con el hilo de voz que el nudo de la garganta dejó escapar, tragué saliva y contesté.
-No-mentí- vengo con Peter y…-No sabía el nombre del asesino.
-¿Jake?- completó la sombra- Que extraño…humanos..., a no ser que…- me pareció ver una sonrisa siniestra entre la oscuridad- Adelante, pasa pequeña…
Se apartó sin hacer el más mínimo ruido, parecía flotar sobre el suelo. Lo vi desaparecer entre unas agitadas convulsiones que sufría su cuerpo, se fundió con la oscuridad.
Jake, ese era su nombre, tenía un dato más. Me pareció extraño que se dirigiese a mí como “humano” ¿acaso él no lo era? Pero no tenía tiempo para reflexionar con tonterías, la vida de Peter podía estar en juego. Un piso más y llegaría a mi destino. La imagen me dejó anonadada. Ante mi se hallaba un enorme salón, con una iluminación del más puro blanco y tan lujosa que me recordaba a los palacetes de los cuentos. Había más de una docena de personas, vestidas de etiquetas y con copas de Champagne en la mano. Esto era totalmente surrealista, algo tan bello en algo tan horrible como un edificio hecho pedazos. Seguí recorriendo la estancia con la mirada, las notas del piano me hicieron buscarlo, y vi a un chico de cabellos dorados sentado en el taburete deslizando con delicadeza sus dedos en el teclado, Peter. Un poco más allá, pude ver al chico llamado Jake, abrazando la cintura de una muchacha tan guapa como lo había sido Annie. Tenía que hablar con Peter y saber que estaba pasando, que hacía él en un lugar como éste y sobretodo en compañía de un como ése. Me atreví a dar un par de pasos, muchos se me quedaron mirando con rostros indescriptibles. Parecían extrañados, algunos se susurraban al oído lanzándome miradas divertidas. Un chico se acercó a mí, con una amplia y embaucadora sonrisa.
-¿Qué hace una chica como tú en un sitio éste?- me preguntó- toma.
Me tendió su copa de champagne.
-No gracias, no me apetece- le contesté.
-¿Y qué te apetece?- Me agarró con descaro de la cintura y me atrajo hacia él. Me fijé en sus ojos, de un verde tan intenso como impactante. Empecé a marearme, en unos segundos, todo me daba vueltas, solo tenía un pensamiento: seguía pegada a aquel desconocido, con los ojos cerrados. Dentro de mí la sangre hervía, quería más de aquel muchacho. Por un momento pensé dejarme llevar, hasta que me sentí zarandeada con brusquedad y salí de aquel encanto. Abrí los ojos de par en par, lo primero que vi fue el rostro pálido de Jake con una mueca de disgusto, mirándome a los ojos con una luz brillante en aquel océano gris. Moví la cabeza de un lado a otro en un intento de despejar mi cabeza de los pensamientos que habían aflorado en mí, estaba aturdida. El chico del champagne miraba a Jake con una ira intimidante. Los minutos siguientes me parecieron confusos y abstractos. Recuerdo bajar las escaleras en brazos de Jake, con el chico de la amplia sonrisa mostrando una fiera hilera de dientes puntiagudos igual que los de un tiburón, pisándonos los talones y profiriendo gritos ensordecedores que hacían retumbar los cimientos del edificio. La sombra que me había recibido se interpuso delante de nosotros intentando con unas extremidades similares a las de un pulpo, pero completamente negras, atraparnos. Jake los burló con dificultad y consiguió alcanzar la calle. Era incapaz de moverme, me sentía pesada y cansada, solo tenía ganas de cerrar los ojos y dormir. Lo último que recuerdo antes de caer rendida, es una voz suave y firme, la de Jake, que me repetía una y otra vez que no me rindiese.

viernes, 11 de febrero de 2011

capitulo3

Me despejé un poco cuando sentí como la mirada de Annie me quemaba la nuca. Sus dorados rizos abofetearon mis mejillas cuando pasó a mi lado a escasos centímetros, para caer finalmente en los brazos del exótico muchacho. El chico le besó en la mejilla mientras le abrazaba por la cintura. Annie era una de esas chicas despampanantes que cada semana lucían un novio nuevo al igual que un par de zapatos caros. No entendía por qué, pero me irritaba el hecho de que hubiese capturado una presa tan extraña, seguramente con solo unos parpadeos de sus largas y delicadas pestañas o un tintineo de su precioso vestido de lentejuelas moradas.
-¿Porque no coges tu escoba y te largas Sam?-su voz cantarina resonaba como el piar de un molesto pájaro en la madrugada.- ¿No ves que sobras?
Me encogí de hombros y con una mirada desafiante le contesté:
-No, realmente no, la calle es de todos, Barbie.-Sabía que aquel apodo le hería el orgullo a pesar de que estas muñecas eran lo más de la belleza.
Me ignoró, como respuesta obtuve una panorámica completa de cómo se besaban y sobaban delante de mis narices. Decidí ir a buscar a Claire e irme de este sitio que me ponía enferma. Crucé el portón con la intimidatoria mirada del gorila persiguiéndome hasta que desaparecí entre la multitud. No tardé mucho en encontrarla. Donde había dejado la copa, ahora vacía, que me había traído Peter, la vi. Estaba encorvada, con la cabeza agachada apoyada sobre las rodillas, con un chico corpulento a su lado sosteniéndole por los hombros.
-¿quién eres y que haces?- soné bastante dura tal vez por lo irritada que me hacía sentir Annie.
-yo…-parecía asustado- no le conozco, pero la encontré vomitando en el aseo de los chicos y la subí hasta aquí arriba para que pudiera sentarse.- parecía sincero.
Con un suspiro le dije que avisase a un chico rubio llamado Peter, él sabría ocuparse de ella. A decir verdad en otras condiciones habría esperado con ella a que se sintiese mejor, pero me sentía realmente agobiada y no tendría paciencia suficiente para no acabar echándole en cara que me llevase con ella a esta estúpida fiesta.
Tuve suerte, aquellos tortolitos ya habían volado de allí. Atravesé el parque con prisa, quería llegar ya a mi casa, terminar con éste día de locos y, con un poco de suerte, mi madre estaría ya durmiendo, evitando así un interrogatorio exhaustivo. Alcancé mi portal en apenas unos minutos, comprobé la hora en el móvil antes de sacar las llaves. Eran las dos y media de la madrugada. Abrí la puerta del zaguán y súbitamente un viento helado caló mis huesos. Un intenso terror se apoderó de mi al instante sin saber el por qué. Busqué con mi mano el interruptor de la luz, deseando que ésta me demostrase que se trataba de un miedo totalmente irracional el que me sacudía. No lo encontré, cada vez me sentía más frustrada. Desistí en el intento y eché a correr hacia el ascensor, pero cuando llegué ante él sus puertas se abrieron de golpe, dejando correr una ráfaga de aire que me hizo perder el equilibrio. Caí al suelo de rodillas y dirigí mi mirada tan rápida como un láser al ascensor.
La imagen me heló la sangre.
Vi a una forma humana, con dos profundas cuencas negras en lugar de ojos. Una siniestra apertura que tomaba por una boca sin labios, expulsaba un espeso líquido rojizo similar a la sangre pero algo más oscuro. Era tan pálida como un esqueleto. Sus huesos se pronunciaban a través de una fina membrana con numerosos cortes de los cuales brotaba el mismo líquido repulsivo que de su boca. De su cadavérica cabeza caían unos lacios mechones dorados que formaban maltrechos bucles alrededor de sus mejillas. Me fijé en el trapo que envolvía a aquel monstruo, las lentejuelas desconchadas como si fuesen escamas rotas despedían destellos morados a la escasa luz del ascensor. Emitió un leve gruñido semejante graznido de un cuervo antes de caer de bruces contra el pavimento. Retrocedí totalmente impactada hasta que mis hombros dieron con la pared. Jamás había visto algo así y no quería volver a verlo. Cuando creí que aquella criatura de los avernos había muerto, me incorporé tambaleante, con el corazón encogido y latiendo a una velocidad excesiva. Entonces me fijé en el cuerpo contorsionado de aquel ser. Puse los ojos en blanco y las piernas volvieron a fallarme, pero tuve las suficientes bruces de apoyarme en la pared para no caer.
Me pareció que aquella criatura era Annie.
Llevaba en mismo vestido que le había visto en la discoteca, ahora salpicado de aquel líquido espeso y hecho jirones. Los maltrechos bucles lacios eran la ondulante melena rubia que le había golpeado en las mejillas hace apenas media hora. Vi que delante de aquella huesuda mano descansaba un papel roído y manchado, quería cogerlo pero estaba tan paralizada del miedo que ninguna de mis extremidades reaccionaba. El cuerpo desprendía un olor nauseabundo, unos vapores grisáceos se elevaban a través de éste desintegrando la membrana. Unos minutos más tarde, quizá segundos, el cuerpo se había reducido a un trozo de carne del tamaño de una uña que descansaba en el suelo entre volutas de humo. Traté de calmarme y caer en algo racional. Pensé en llamar a la policía pero ¿Quién creería mi historia? Lo único que quedaba del cadáver de Annie era un maltrecho trozo ennegrecido y minúsculo además de unas manchas negruzcas en el suelo que podría ser perfectamente los fluidos intestinales de algún borracho. La última vez que había visto a la chica en condiciones normales era con aquel muchacho misterioso. Seguramente él le habría hecho esto, no había ninguna explicación más lógica, el causante de lo que le había pasado a Annie era él, y solo si le encontraba podría saber que había sucedido ésta macabra noche. Suspire hondo, relajándome lo máximo que la situación podía permitirme. Me agaché y recogí el carcomido trozo de papel. Entré en el ascensor donde aquel olor revolvió mi estómago y me propino una arcada. Me tapé la nariz con el brazo y deseé que nada le hubiese pasado. "¡mi madre!"aquel destelló iluminó cada uno de los rincones de mi insana conciencia ¿Le habría hecho daño aquella endemoniada criatura? La falsa relajación dio paso a la ansiedad. Cuando las puertas del ascensor se abrieron salí disparada como una flecha y tras varios intentos de meter la llave en el bombín lo conseguí, a pesar del temblor y el sudor de mis manos. Encendí la luz de la entrada y cerré con un portazo. Corrí a través del pasillo, una tenue luz bañaba el final, donde se encontraba el salón. Llegué desesperada y jadeando, aferrándome a la esperanza de ver a mi madre.
Y la vi.
Descansaba echa un ovillo en el sofá, con una suave manta de seda azul envolviéndola. La luz de la televisión encendida bañaba su rostro inocente y despreocupado, parecía a ver caído en un sueño profundo. Pero quería asegurarme de que estaba bien. Me arrodillé frente al sofá y la balancee suavemente. Ella se revolvió reacia a despertar, hasta que entreabrió con pesadumbre su ojo derecho ante mi insistencia.
-¿Qué te pasa?- sus palabras eran apenas un susurro inaudible.
-Ya he llegado.- Se me hizo un nudo en la garganta parpadeé varias veces para impedir que las lágrimas corrieran por mis mejillas. Mi madre estaba bien, era lo único que realmente me importaba.
Volvió a cerrar el ojo lentamente y se acurrucó aún más sobre el sofá. Finalmente determiné dejarla descansar en paz y me dirigí a mi habitación aún con los ojos entumecidos.
Me tumbé sobre la cama, con la ropa puesta. Pequeñas gotas negras se dibujaban en el tapiz gris de mi camiseta, lo que me recordaba las terribles imágenes de algo que era real por más que fuese de locos. Recordé entonces el trozo de papel. Lo aferraba con fuerza en mi mano izquierda, me había resistido a dejarlo caer inconscientemente. Lo llevé antes mis ojos y observe que lo que había escrito en el emborronado papel era la dirección de un domicilio: Queen’s Gate número 12. Frente a la vasta y extensa zona del
Hyde Park.
Desperté pegajosa, con un sudor frío recorriéndome la sien. Las pesadillas no me habían abandonado en toda la noche, la imagen de aquella horrible criatura estaba forjada a fuego en mis recuerdos, imposible de borrar. No recordaba en qué momento había caído en brazos de Morfeo, ni si quiera la hora que era, pero a juzgar por el molesto ruido de los coches y la luz que se filtraba a través de las cortinas debía ser mediodía. Me incorporé un poco, algo mareada, tal vez por lo poco que había descansado, y alargué la mano a la mesita de noche para agarrar el reloj-despertador. La una del mediodía. Escuché como mi madre escudriñaba en el armario de las cacerolas, si iba a hacer la comida a estas horas era un claro indicio de que Frederick vendría a comer. Así que, me levante despacio, tenía que ponerme algo más cómodo y echar a lavar esta maldita camiseta gris salpicada de negro. Elegí una cómoda camiseta azul y unos pantalones vaqueros. Mientras me cambiaba pude ver el fragmento de papel tirado en el suelo, con esas elegantes letras que parecía trazadas con delicadeza y precisión igual que una invitación a un festejo. ¡Eso es! No me lo había imaginado ayer noche, cuando lo leí, tal vez estaba demasiado asustada y alterada como para fijarme. Era una invitación, sin hora, solo con el lugar, pero normalmente son de noche ¿Cuándo se ha visto una fiesta privada a plena luz del día? Pero seguía sin saber qué día era. Podría acercarme esta noche, pero la verdad es que estaba bastante lejos para malgastar dinero cogiendo un taxi en caso de que me equivocase. Sin embargo, algo dentro de mí me empujaba, atraída por la idea de conocer la naturaleza de aquel monstruo, así que me decidí por ir.
El timbre de la puerta resonó por todas las esquinas del piso. Mi madre no sabía que me había levantado, así que le avisé antes de encaminarme a abrir la puerta. Cuando lo hice, apareció tras ella la figura inconfundible de Frederick.
-¡Frederick! –Exclamé saltando a sus brazos- ¿Porqué no viniste ayer?
Me devolvió el abrazo con sus fuertes brazos, a pesar de lo poco hinchados que estaban.
-Tenía una comida bastante importante con la empresa, toda la directiva estaba presente.- Su voz hizo que me olvidase de todo lo vivido, era como una buena jarra de agua fría en un desierto.- yo no iba a ser menos.
-Frederick, iba a hacer estofado y revuelto de verduras ¿te apetece?- mi madre se hizo presente con una amplia sonrisa en los labios. Iba en delantal y agitaba una espátula de cocina con energía en el aire, describiendo círculos irregulares.
-Claro ¿Cómo te fue ayer? ¿Algo nuevo?
Nos dirigimos los tres a la cocina, Frederick ponía el toque de humor y mi madre reía como una cría, despreocupada. Yo por mi parte, intercalaba la mirada entre éstos y reía de vez en cuando. Era una de esas pocas veces que podía ver lo que la gente decía que era una familia, yo nunca la había tenido una, pero me jugaría el cuello a que esto era lo más parecido que podía tener. Observé a Frederick con detenimiento, se había cortado el pelo, ya no eran esos mechones cobrizos que le descansaban sobre los hombros, ahora lo llevaba algo más corto. Tenía las gafas mal puestas, como siempre, más caídas de lo que debería, justo por encima del caballete de su nariz. Sus ojos pardos no se despegaban ni un segundo de mi madre, que iba de aquí para allá con los trastos de cocina. Deseé por un momento, que mi padre hubiese sido él, todo sería mucho mejor.
Después de comer nos fuimos todos al sofá, echarían una de esas películas típicas de sobremesa que mi madre quería ver. Yo descansaba en el pecho de Frederick, que me pasó el brazo por detrás cogiéndome del hombro. Me sentía realmente bien, parece que la pesadilla de anoche había transformado el día en algo maravilloso, como el gusano que pasa a ser mariposa. Pero me duró bastante poco, el móvil comenzó a sonar, leí Claire en la tapa. Me levanté de un salto, no había pensado en Claire desde que la dejé allí tirada, tal vez estaría enfadada conmigo, y tendría razón para hacerlo.
-Hola Claire ¿Te encuentras bien?- intenté aparentar inflexible, pero creo que fallé.
- Bueno, tengo una resaca de caballo, pero valió la pena. Gracias por haber enviado a Peter a cuidarme.- No me esperaba esa reacción en absoluto.
-¿Qué pasó cuando me fui?
-Bueno… no lo recuero muy bien pero creo que un chico llamó a Peter, dijo que te diera las gracias, que tu le dijiste que lo buscara. Peter me llevó fuera para que tomase el aire y pudiese despejarme un poco, pero creo que no sirvió de nada, le vomité encima de sus zapatos de charol-le tembló la voz, parecía realmente arrepentida y ruborizada- No he tenido oportunidad de hablar con él, me acompañó en el taxi de vuelta a casa y luego se fue. Le he llamado unas cinco veces al móvil, pero no me contesta ¿y si esta cabreado conmigo? ¿Puedes intentar contactar tú con él y me dices?
-Tranquila Claire, lo haré.- no sabía muy bien si lo hacía por mí o por ella. – Tal vez le llamé esta noche, y si no, mañana ¿de acuerdo?
-Por favor hazlo cuanto antes- arrastró la súplica con un hilo de voz.- y gracias de verdad, no sé qué haría sin ti. Apunta, te daré su número.
Cogí el papel de la invitación y escribí por detrás su número. Antes de que pudiese decir nada Claire colgó. Me quedé mirando el número unos segundos antes de volver a los brazos de Frederick y a la calidez de mi madre.
Pasé así un par de horas, pegando cabezadas sobre Frederick entre la vigilia y el mundo de los sueños. Hasta que finalmente me dormí.
Arrastraba la cola un largo vestido azul marino, miré a mí alrededor como la sala de cristal reflejaba los destellos de maravillosas sonrisas de los presentes, que bailan bien agarrados a sus parejas una dulce melodía. En el centro, la fuente del mismo material recortaba una forma delicada de una sirena cepillándose el cabello, por donde discurría el agua cristalina en forma de ondas suaves. Me senté con delicadeza en una silla acolchada y majestuosa .Y entonces, vi como Peter enfundado en un precioso traje con una corbata del mismo color que mi vestido me tendía su mano .Le seguí y nos fundimos en una danza lenta, viendo como todos se apartaban a nuestro paso y se desvanecían como el humo. Cuando miré a Peter a la cara, se había transformado totalmente. Estaba bailando con el asesino de Annie. Sentí como me oprimía le cintura con una fuerza sobrenatural, me estaba ahogando. Cuando creí que mi último aliento se escapaba de mi boca alguien me zarandeó y me alejó de los brazos del asesino…
-¡Sam despierta! Es la hora de cenar.- la voz de mi madre me perforo el cerebro como una taladradora.

<> me dije con dureza. Miré la hora en el reloj de pared, las ocho y media y todavía tenía la intención de ir a Hyde Park. Así que me arregle ante la mirada inquisidora de mi madre y de Frederick.
-¿A dónde vas?- Frederick parecía extrañamente nervioso.
-He quedado con Claire para ir a casa de Peter.
Los ojos de mi madre brillaron igual que los de un gato a punto de capturar a un ratón.
-¿Quién es Peter?-preguntó.
-Un compañero de clase.- y eso era todo cuanto era en realidad.
Mi madre le dirigió a Frederick una mirada de cómplice. Por suerte, comenzamos a cenar, con las habituales bromas de Frederick condimentando la comida.
No tardé mucho en terminar, cogí algunas cosas, entre otras mi cartera con dinero para el Taxi y recorrí el zaguán como una flecha a pesar de que aún con su iluminación artificial me estremecía por dentro.


capitulo 2




Apenas un par de minutos más tarde una silueta recortada de insinuantes curvas giró la esquina. Era Claire, con un cortísimo vestido, palabra de honor, de cuero negro. Se había recogido sus largos cabellos en una coleta alta muy recatada, algo bastante poco común en ella. Parecía mucho más mayor con ese escote, ese peinado y esos tacones por no hablar de sus quilos maquillaje. Estaba realmente guapa, pero no era ella. Al verme, sus labios se volvieron una diminuta línea, como si estuviese disgustada, y así era.
-¿Cuál es tu concepto de ir arreglada Sam? Creía que por primera vez podría verte con un bonito vestido o unos tacones. Como no te dejen entrar terminaré con tu existencia.- Bromeó.
Una tímida sonrisa cruzó por mi rostro. Sabía que haría algún comentario sobre mi vestuario, así que ya tenía una respuesta preparada.
-El día de tu boda con Peter me vestirás tú ¿vale? Hasta entonces nada
Ella enrojeció súbitamente, desvió la mirada y echó a andar, la seguí.
No tardamos mucho en llegar al parque donde prácticamente todos mis compañeros ya estaban aburridos de esperar, pero lo cierto es que todavía no era la hora. Claire tiro de mí cogiéndome del brazo y me arrastró hasta donde Peter charlaba con el estúpido de Carl.
-Hola Peter- dijo ella interrumpiendo la conversación- ¿lleváis mucho esperando?
-No- su pelo aleonado brilló a la luz del farolillo cuando éste se giró hacia Claire. Ésta suspiro nerviosa, sin saber muy bien que decir, le seguí la conversación haciéndole un favor.
-¿Falta alguien más?- pregunté.
-No- sus ojos se clavaron en mí como cuchillas, parecía estar sorprendido de que abriera la boca-Esperábamos a Claire, no pensaba que ibas a venir Sam.
-No habría venido, dale las gracias a esta cabra loca- desvié la mirada hacia Claire para que el chico se fijase en ella, pero no la apartó de mí, parecía entretenido, como si mirándome pudiese hurgar en mis pensamientos.
Alguien anunció a los demás que ya habíamos llegado y podíamos irnos, solo entonces desvió la mirada al gentío que avanzaba como ovejas.
Para mi desgracia, el gorila me dejó pasar junto con Claire, no se molestó en pedirnos el carnet. El ambiente estaba cargado allí dentro, luces de neón de los colores del arcoíris se movían de un lado para otro y la luz se intercalaba. Estaba bastante lleno, docenas de adolescentes se amontonaban en la pista de baile con copas en la mano y restregándose a cualquiera del sexo opuesto, resultaba una visión bastante denigrante y fastidiosa, pero sabía con lo que me toparía cuando me decidí a venir. Claire desapareció enseguida entre la multitud y yo, sola, decidí sentarme en un sofá blanco al lado de la pista. No me di cuenta de que Peter venía cargado con dos copas, hasta que me hundí y me desequilibré en el sofá cuando él se sentó a mi lado. Con una sonrisa arrastró con la mano una de las copas que contenían una extraña bebida rojiza, como la sangre.
-Se llama piruleta -dijo-tranquila, no es para nada fuerte.
Sostuve la copa entre mis manos, notando el frió que emanaba
-Gracias, no tenías por qué.- me limité a decirle. ¿Dónde estaría Claire ahora mismo? Es extraño que no estuviese con Peter.
-¿Porqué no bailas?-parecía empeñado en sacarme conversación-¿no te gusta este sitio?
-No, lo cierto es que no, vine para acompañar a Claire.
El chico bebió un sorbo de su copa y miró al frente, viendo a aquella gente bailar, si es que se podría decir así. Sonrió misteriosamente y se levantó de una salto, tendiéndome la mano aún con aquella sonrisa.
-vamos, baila.- me desconcertó por completo, no sabía que decir. Finalmente le tendí la mano y me levantó con fuerza cogiéndome justo a tiempo cuando choqué contra él. Era cálido y agradable, desprendía un dulce aroma que no sabría identificar con nada, simplemente era maravilloso. Solo es roce de sus brazos hizo que mi sangre hirviera como una olla apunto de desbordarse. No me atreví a mirarle, estaba clavada en el suelo muerta de vergüenza. Seguramente mi cara estaría realmente enrojecida. No entiendo como no le prendí fuego a su camisa negra de la alta temperatura que había alcanzado. Resultaba realmente hipnotizante y embriagador estar tan cerca de Peter. Antes de que pudiese decir nada, saltó hacia atrás como un gato, parecía ruborizado.
Me arrastró a la pista de baile donde distinguí a Claire moviendo la cabeza de un lado a otro con creciente intensidad, parecía preocupada.
-¿Sabes? Creo que hay otra persona a la que le gustaría mucho más que yo que le concedieras un baile.- Las palabras se me escaparon como balas de escopeta. No habría estado mal bailar con aquel encantador chico parecido a un príncipe de cuentos infantiles, pero no podía hacerle algo así a Claire, Así que me deshice de su mano y me perdí entre la multitud, hacia la salida. Necesitaba tomar un poco el aire. Salí a trompicones, empujando a la gente que obstruía la salida. Hasta que finalmente salí al parque donde tomé una bocanada de aire fresco. Me Apoyé en la pared grisácea del local y solté todo el aire que mis pulmones rechazaban. Me quedé fija mirando al suelo digiriendo lo ocurrido. El chico que volvía loca a las estudiantes me había invitado a un baile. Si, no significaba gran cosa, pero lo había hecho y que yo supiera, por lo general, nunca se acercaba a las chicas, al contrario, las repelía. Solo cuando ellas se acercaban a él intercambiaba alguna palabra o simplemente les dedicaba una de sus encantadoras sonrisas.
Escuché un sonido metálico a un par de metros de mí que me devolvió a la realidad. Dirigí la mirada hacia donde me pareció oír el ruido y vi a un muchacho, más o menos de mi edad que se encendía un cigarrillo con el mechero. "eso era, el mechero" caí. Lo observe con detenimiento mientras dejaba caer mi pelo a modo de cortina, en un burdo intento de ocultar mis ojos. El chico vestía completamente de negro. Llevaba una camisa por fuera de unos pantalones entubados que se perdían en el interior de unas toscas botas militares. Resultaba curioso, Los mechones de pelo oscuro le caían sobre la frente, casi cubriendo sus ojos. Miraba al infinito, absorto de todo, mientras le daba caladas a su cigarrillo con toda tranquilidad. Pareció darse cuenta de mi descaro, a pesar de mi cabello. Volvió la cabeza con brusquedad hacia mí, me quedé paralizada. Sus ojos eran inflexibles esquirlas grises que parecían quemarme del mismo modo que el hielo. Retrocedí sobre mi misma pero el chico curvó sus labios en una media sonrisa quitándome algo de aquella terrible sensación que se había apoderado de mí. Tendió una pequeña cajetilla negra, con los trazos de un demonio rojo sosteniendo un tridente, a la derecha de unas letras blancas y curvadas donde pude leer Black devil
-No gracias, no fumo- le conteste con un hilo de voz.
-Que manera más estúpida de no aprovechar la vida.-Su voz eran tan gélida como sus ojos, autoritaria y firme, pero realmente embaucadora.
Le dediqué una amplia sonrisa socarrona. Se revolvió un poco, guardando el paquete de tabaco en el bolsillo del pantalón. Ante la escasa luz pude ver una piel pálida y tersa, como un pulido trozo de mármol blanco que se curvaba con suavidad dando paso a unos pómulos marcados.