Ante mi sorpresa, no eran ni Peter ni Jake, si no una muchacha de mi edad, tal vez un año mayor. Su largo cabello caía alrededor de su rostro, perfilándolo con ondas tan prominentes como perfectas, como las suaves olas del océano bañando una costa de arena tan blanca como la cal. Parecía una de esas muñecas de porcelana que tanto me aterrorizaban cuando era pequeña. Su rostro era firme e insólito, tan enigmático como el de Jake, frío, mortífero, calculador…
-Aquí tienes tu cena.- Siseaba como una serpiente. Tenía un tono ácido, como si en cualquier momento fuese a soltar veneno.
-Gracias.- Me sentía intimidada con esos ojos inquisidores de serpiente mirándome.
-Disfruta, tienes suerte de que no te haya echado veneno en la comida.- parpadeé unos segundos, sorprendida, esa mujer quería matarme.
-¿A qué viene tanta hostilidad? ¿Que te he hecho yo?- me atreví a recriminar.
-Existir, los humanos no deberíais existir, sois una raza imperfecta, llena de hipocresía y crueldad. Nunca tenéis suficiente, maltratáis todo cuanto os rodea incluso a las personas que queréis. Si yo hubiese sido Jake, te habría matado yo misma. No sé que vio en ti, no eres más que otra malformación de la naturaleza.- Cerró con un portazo y se marchó.
No sé cómo había conseguido el odio de otra psicópata más por el hecho de ser humana. Era algo tan descabellado como estúpido sin embargo, cada vez creía más en la historia de Jake y de Peter, al final una persona sana estaba perdiendo su cordura con tanto psicópata.
Tenía que marcharme de allí, cuando la noche reinase y todos estuvieran durmiendo. Por lo pronto solo podía esperar y dejar la bandeja llena, a pesar de no haber digerido nada con tan solo pensar en ingerir algo se me revolvían las entrañas.
Espere con paciencia planeando una huida perfecta, investigando como salir de estas cuatro paredes sin ser vista y contarle lo sucedido a Frederick y mi madre, que me abrazase como cuando tenía ocho años y las pesadillas se adueñaban de mí susurrándome que todo estaba bien, que era solo un sueño. No sabría decir cuánto tiempo estuve esperando al momento perfecto pero sentí un impulso irrefrenable que me llevaría a la libertad y supe, que aquél era el momento. Me levante de la cama con cuidado, evitando que los muelles chirriasen y me delataran. Con delicadeza abrí la puerta que cedió con un chasquido. Viré la cabeza a ambos lados, con ojos avizor, pero solo conseguía ver un largo pasillo reinado de oscuridad, con tenues rayos de luna que se filtraban a través de los ventanales de adornos góticos. La superficie del suelo era puro mármol, tan suave al tacto de mis pies descalzos que me producía una sensación agradable. Caminé pegada a la pared, deslizándome con cuidado y evitando cualquier ruido. Apenas había avanzados unos pasos, cuando sentí la presencia de alguien justo detrás de mí. Estaba aterrada, era como una de esas películas de miedo en las que el asesino, el fantasma o el elemento más inquietante se encontraban justo detrás de la protagonista. Pensé rápido y propiné un codazo hacia atrás intentando quitarme ese “algo” de mis espaldas. Para mi sorpresa todo ocurrió muy deprisa, sentí unas garras de acero presionando mi muñeca, tiró de mí con la misma facilidad que una muñeca dándome media vuelta, chocándome la espalda con brusquedad en la pared. Reprimí un grito de dolor justo al tiempo que abría los ojos buscando a mi atacante.
Jake.
Me miraba con esos ojos de sosiego, de tranquilidad y paz, tan cerca que podía sentir su aliento. A la luz de la luna, sus angulosas facciones brillaban con una palidez sobrenatural, exótica, lo que me hizo pensar en esos instantes que parecía el chico más atrayente que había visto nunca.
-¿Pretendías escapar?- Mi corazón se aceleró irrefrenablemente, una mezcla entre terror y nerviosismo. No encontraba palabras para excusarme además aun que las tuviese la maraña de nervios me impediría hablar. Aproximó sus labios a mi oído izquierdo, pude sentir como se acercaba más y más hasta que apenas un centímetro nos separaba.- No me he jugado el cuello en aquella fiesta por una simple humana, hazme ver que vales la pena y no pretendas huir como una cría asustada.- su voz era apenas un susurro.
Todo comenzó a darme vueltas, una sensación semejante al desmayo que me llevó hasta aquí. Fui incapaz de mantener el equilibrio, mis piernas se doblaron y de nuevo, caí en brazos de Jake antes de perder el conocimiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario