Sam

Sam

lunes, 20 de junio de 2011

capitulo 5

Seguía mareada cuando recuperé la consciencia. Notaba como los suaves latidos de mi corazón se transformaban en punzadas de dolor al llegar a mi sien. Traté de recordar lo vivido en un intento de explicar el penoso estado en el que me encontraba, pero solo pude salvar algunos episodios como mi llegada a Queens Gate o los mortíferos dientes de aquel ser con aspecto humano y extremadamente carismático.
Tenía los músculos entumecidos y paralizados, me dolían los huesos y parecía tener una tonelada de piedras encima de mis párpados. No podía dar ningún síntoma de mi consciencia, no por ahora. Estuve un rato inmóvil, intentando llegar a nadar en las lagunas que habían conquistado mis recuerdos, en vano. Unos diez minutos pasé, o eso me pareció, hasta que escuche el chasquido de una puerta al abrirse con delicadeza. Noté como la oscuridad daba paso a una luz que se filtraba a través de mis parpados, suave, no muy intensa, como la de una lamparita de noche. Pude imaginarme por las pisadas que inundaban la habitación, que no era solo una persona la que había entrado, si no, aproximadamente unas dos, las cuales entablaron una extraña conversación:
-¿Cuándo crees que despertará?- Era una voz femenina, firme, con una pizca de fastidio.- Lleva así tres días…
-Parece mentira que no sepas ya el efecto que pueden llegar a tener los encantos, si no sucumbes, mueres, es una suerte que haya sobrevivido.
Cuando escuché la voz que respondía a la femenina, algo en mi interior gritó de terror. Jake, el asesino de Annie, me había traído hasta aquí y al parecer me había salvado.
-¿Qué es lo que buscáis en ella? No entiendo porque no la dejasteis morir, ella no es uno de nosotros.- escupió aquellas palabras con desdén.
-Tiene un aura extraña.-contestó Jake con serenidad.
¿Un aura extraña? ¿Que no soy como ellos? Vale, algunas personas creía en el aura de las personas, pero todos somos humanos, no puede haber un: no soy como tú.
-Si no despierta pronto, la mataremos.- dijo la chica antes de volver a escuchar el chasquido de la puerta y un sonoro portazo.
Todo volvió al silencioso el cual me reconfortaba en esos momentos. Me sentía en una casa de locos o en el santuario de alguna secta satánica. Me iban a matar si no despertaba pronto ¿Qué querían que hiciese? No puedo moverme lo más mínimo, podrían matarme sin si quiera saber que estoy consciente, que no estoy en coma. Cada vez estaba más asustada, me sentía impotente e inútil.
-Sé que puedes oírme, no dejaré que te maten.- Jake, me susurraba al oído.
Podía notar su presencia a mi lado, lo que me alteraba aún más. No dejaría que me asesinasen, pero él mató a Annie, aquello era una locura.
Del miedo saqué fuerzas, mis párpados temblaron un momento antes de abrirse lentamente y con dificultad. Al principio tuve que cerrar los ojos varias veces, la escasa luz me quemaba como el fuego la retina. Estaba tirada en una cama complemente blanca, entre cuatro paredes que bajo el influjo de la luz adquirían un tono anaranjado, y justo a mi lado Jake me observaba con atención sentado en una silla. Parecía no haber dormido mucho, dos agujeros oscuros, que contrastaban con el pálido de su piel, caían bajo sus ojos. Me dedicó una media sonrisa.
-Mis palabras te han causado efecto por lo que veo.
No contesté, tenía mil preguntas que hacerle como para gastar la poca energía que había aflorado.
-Te traeré algo para beber, llevas tres días sin ingerir nada.
Antes de poder decirle nada, el chico desapareció por el umbral dejando la puerta cerrada, pero no tardo ni cinco minutos en volver.
Me ayudó a incorporarme un poco y me tendió una taza de un extraño brebaje azulado que desprendía volutas de humo del mismo color. Jamás había visto un líquido igual. Acerqué la nariz para olerlo, pero no me sirvió de nada.
-bébetelo, te ayudará a recuperar el habla.- me informó.
Sorbí un poco, tenía un extraño sabor salado, pero estaba delicioso y además me calentaba la garganta.
Mientras yo me bebía a pequeños tragos el preparado, él me observaba con curiosidad, como si esperase algo. Cuando terminé le devolví el vaso y lo dejó en una pequeña cómoda al lado de mi cama, donde brillaba la lamparita que iluminaba la habitación.
Tragué saliva mientras le devolvía la mirada a Jake, entonces fui capaz después de tres días, de articular palabra.
-¿Dónde estoy?- mi voz era ronca y adormecida, apenas un hilo.
-En mi casa. Siguiente pregunta.- parecía divertirse viéndome tan desconcertada.
-Eres un asesino.- la palabras fluían a medida que aparecían en mi pensamiento.
-Se podría decir que soy un asesino, sí, pero si ejerzo de esto es para salvaros a vosotros.
-¿a nosotros?- no entendía lo que quería decir.
-Sí, a los humanos.
-Estás loco, tú también eres un humano.- empecé a tomar un tono ácido.
-¿La Annie que viste lo era? ¿El chico que nos perseguía lo era?- parecía impacientarse.- verás, creemos que tu tampoco eres una humana, por eso te salvé, pero no estamos seguros, no tienes ninguna cualidad especial, ni nuestra complexión, pero tienes un aura llamativa.
-¿Qué no soy humana? Que quieres decir ¿Qué soy?- parecía hablar con un psicópata.
- Es posible que…
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiese contestarme. Vi entonces una sonrisa radiante dibujada en un rostro dulce con mechones de cabello dorado cayéndole por la frente. Peter, estaba aquí. Se abalanzó sobre mí, rodeándome con los brazos como si hubiese vuelto a verme después de largos años. Jake soltó un bufido.
-¡Por fin has despertado!- me dijo.
-Peter ¿Qué está pasando?- no le conocía muy bien, pero me inspiraba la confianza que Jake no podía.
-Es una larga historia San. Te viste involucrada en algo que no tenía nada que ver contigo, fue un error fatal, puede que ya no vuelvas a ver la vida como la veía antes…
-Corta ya Peter- le frenó Jake- San, no somos humanos, somos híbridos, entre Ángeles y Demonios, Annie era una demonio y por eso tuve que matarla, al igual que el chico que te encantó en la fiesta. Somos más resistentes a los demonios que los ángeles porque tenemos su sangre corriendo por nuestras venas, y viceversa. Por eso, ambas razas nos repudian.
-Has sido muy brusco- le regañó Peter- ¿Cómo pretendes que se recuperé así?
Me veían cara de tonta o algo así pensé, nadie se tragaría algo así. Así que con los nervios a flor de piel, con una mirada desafiante, les contesté.
-Quiero volver a casa, estáis locos ¿Qué os habéis tomado?
-Cálmate San…- suplicó Peter.
-¡Cómo quieres que me calme! Me estás tomando el pelo como una idiota, tú y el asesino.- parecí herir con aquello a Peter, su rostro de contrajo en un gesto de tristeza.
-San, por favor- estrechó mi mano entre las suyas- Sé que es difícil de creer.
-¿difícil?- solté una sonrisa sarcástica.- es imposible.
- Pon un poco de tu parte San, la realidad es mucho más de lo que a ti te han enseñado. Si te atreves a negar lo que no ves con tus ojos eres una necia.- Jake perdía la paciencia por momentos.
-Bien, supongamos que eso de ¿caza demonios? Es cierto. ¿Qué tiene que ver conmigo? Se vuestro secreto sí, pero ¿que mas tengo de protagonismo en esta historia?
-Jake nota algo extraño en ti, tienes un aura exótica, diferente a la del resto de humanos…-dejó aquellas palabras suspendidas.
-Quiero hacerte algunas pruebas.- me anunció Jake.
-¿Qué tipo de pruebas?
-Tranquila San, descansa y asimila lo que sabes hasta ahora. Cuando te recuperes completamente ya veremos que hacemos contigo.- La voz de Peter era como un punto de cordura en la locura en la que me encontraba.- Esta noche Jake velará.-Pude ver como Jake le lanzaba una mirada agitada a Peter, parecía no gustarle mucho la idea <> pensé.
-Dentro de una hora te traeremos la cena, mientras tanto intenta dormir un poco.-comentó Jake.
-¡espera! ¿Qué es de mi familia y de Frederick? Deben estar preocupados…
-Tranquila, nos hemos ocupado de eso.- Peter cerró la puerta tras de sí, dejándome de nuevo confusa y en una oscuridad tan densa dentro de mí, que la luz si quiera podía atravesar. ¿Cómo he llegado aquí? Hace apenas unas horas era una chica que acababa de comenzar sus deseadas vacaciones de verano ahora estaba secuestrada por dos psicóticos que decían ser caza demonios y una psicópata que quería matarme y a la cual no le había visto todavía.
En esta habitación sentía como los segundos se alargaban a minutos y los minutos a horas. Traté de mantener la mente fría, de no pensar y simplemente descansar pues así el tiempo me sabría a poco pero esas cuatro paredes me ahogaban en mis dudas. Cuan creí que se habían olvidado de mí, escuché el chasquido de la puerta, un soplo de aire frío para el estado en el que me encontraba.
Odiaba estar sola.

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