Sam

Sam

lunes, 20 de junio de 2011

capitulo 7

No caí en un sueño tan profundo como la última vez, al menos no me lo pareció puesto que en momentos de lucidez podía despejarme del sueño interrumpido que me asaltó esa noche. Desperté al parecer unas horas después Peter llamó a la puerta y me comunicó que en breves traería un desayuno sustancial, que esperaban verme recuperada pronto. No le comenté nada de lo sucedido anoche, no quería que Peter se enterase de mi plan de huída fallido, al menos no por el momento.
Jake no hizo acto de presencia en mi habitación durante toda la mañana.
Tomé el desayuno con Peter, hablando de cosas sin importancia, del instituto y de las numerosas muchachas que soñaban con él. Se limitaba a sonreírme y desviar la mirada, era la primera vez en lo que llevaba aquí que me sentía agusto, que me sentía bien, gracias a Peter. Ese chico no era solo una bonita carcasa, me demostraba que no quería hacerme daño, que me iba a ayudar a superar esta nueva realidad a pesar de que éramos “diferentes”. Suponía un gran apoyo para mí.
Tras el desayuno me invitó a dar un paseo por las instalaciones, era la primera salida “legal” que iba a hacer desde que llegué.
Peter me explicaba que esta instalación era una antigua mansión a las afueras de Londres rehabilitada para el disfrute de ellos, que a pesar de ser muy jóvenes tenían sus contactos para adquirir las cosas legalmente y sin problemas. Aun que sentía curiosidad de saber más sobre esto, como por ejemplo que era de sus padres, no lo pregunté, supuse que si no me había contado esta parte sería porque no quería que supiese más de lo necesario de él. La mansión gótica estaba llena de habitaciones vacías, solo eran tres personas, no conseguía entender el porqué de una mansión hasta que me comentó que antiguamente, cuando ellos eran pequeños prácticamente todas las habitaciones estaban ocupadas, pero ocurrió “algo” que espantó a todos y solo ellos echaron raíces aquí. Su tono de voz vacilaba cuando hablaba de esto. “Investigaré sobre ese “algo” más adelante” pensé.
Finalmente llegamos a una amplia sala, con sofás de tapiz blanco adornados con cruzados de oro, paredes blancas de mármol al igual que el suelo, y un enorme ventanal que daba a un jardín lleno de rosas rojas. Los cuadros de aquella sala parecían robados de algún museo del siglo XVI, antiguos monarcas medievales de rasgos pintorescos aparecía en ellos. Era una estancia sobrecogedora, propia de tiempos antiguos.
-Este es el salón, ahí tienes una televisión, rompe los esquemas de este decorado pero ¿qué hacen unos adolescentes sin televisión aparte de cazar demonios? Vamos a quedarnos aquí un rato, voy a devolverte un poco a tu normalidad. Mañana seguiremos con el tour turístico por los pisos inferiores.
¿Pisos inferiores? Más que una mansión me parecía un castillo, mi imaginación me hizo pensar que abajo se encontraban las mazmorras, típicas estancias talladas en rocas mugrosas y sucias donde se podrían los demonios que cazaban. Tendría que esperar para descubrirlo.
Hacia el mediodía un taconeo fuerte y agitado se escuchó por encima del monólogo que sonaba en la televisión. La chica hostil apareció con el rostro salpicado de gotas negras y en su fina piel mostraba un arañazo propio de una garra felina del que brotaba una sangre espesa que caía al suelo como perlas de rubí, manchando el impoluto mármol.
-¡Peter! ¡Jake está solo, necesita tu ayuda! Traté de hacerles frente con él pero me resultó imposible ¡Nos asaltaron!
Peter dio un saltó del sofá, parecía que una alarma invisible hubiese agitado la mansión.
-¡Penélope cuida de Sam! Volveré con Jake.
Agarró a toda prisa una cazadora negra que colgaba de un perchero, sin ponérsela, abrió la ventana que daba al jardín y entonces vi lo que me hizo creer que todo aquel cuento de demonios y seres sobrenaturales no era una falacia. De su espalda, brotaron dos enormes alas, como las de un ángel, de un blanco manchado y sucio más grises que de otro color. Cuando escuchó el sonido de mi garganta que representaba mi sorpresa dirigió una mirada hacia atrás, me miró como nunca lo había hecho, con pena en sus ojos, como si fuese un monstruo y hubiese destapado su faceta más horrible. Volvió su cabeza al cielo y batió sus alas, agitando el viento. En cuestión de segundos despegó como un pájaro, alzando el vuelo. El vendaval me impidió ver más que esa escena, tuve que cubrirme la cara con los brazos para evitar que los guijarros levantados por el viento me golpeasen la cara. Fui testigo de que los ángeles existían. Un quejido me devolvió en sí, la muchacha, que al parecer se llamaba Penélope se observaba sentada sobre sus rodillas en el mármol el arañazo, evitando soltar más quejas del dolor que parecía abrasarla viva. Me acerqué hacía a ella decidida a ayudarla pero antes de alcanzarla con voz temblorosa me dijo:

-No te acerques a mi humana.- las gotas de sangre bañaban el mármol cada vez más.
-¡Tenemos que curarte eso no seas idiota, a este paso vas a desangrarte!
Rió de tal manera que me pareció igual que una hiena, me dirigió una mirada llena de desdén.
- ¿De verdad crees que las heridas de demonios se curan con agua y alcohol? No puedes ayudarme, no sirves para nada.- un quejido aún más desgarrador que el anterior se hizo eco en el salón.- Tráeme un trapo rápido.
¿Un trapo?¿ De dónde iba a sacar un trapo si ni si quiera sabía dónde estaba mi habitación? Casi instintivamente mordí la manga de mi camiseta azul y rasgué una tira de tela lo bastante larga para rodear el brazo de Penélope. Le tendí el jirón y esta lo agarro de mala gana, lanzando un zarpazo. A duras penas consiguió atarse con la boca y la mano del brazo no herido el trapo, taponando la constante salida de sangre. <" Cualquier persona habría muerto con la cantidad de sangre que ha derramado " pensé. Penélope suspiró y con esfuerzo se puso en pie.

capitulo 6

Ante mi sorpresa, no eran ni Peter ni Jake, si no una muchacha de mi edad, tal vez un año mayor. Su largo cabello caía alrededor de su rostro, perfilándolo con ondas tan prominentes como perfectas, como las suaves olas del océano bañando una costa de arena tan blanca como la cal. Parecía una de esas muñecas de porcelana que tanto me aterrorizaban cuando era pequeña. Su rostro era firme e insólito, tan enigmático como el de Jake, frío, mortífero, calculador…
-Aquí tienes tu cena.- Siseaba como una serpiente. Tenía un tono ácido, como si en cualquier momento fuese a soltar veneno.
-Gracias.- Me sentía intimidada con esos ojos inquisidores de serpiente mirándome.
-Disfruta, tienes suerte de que no te haya echado veneno en la comida.- parpadeé unos segundos, sorprendida, esa mujer quería matarme.
-¿A qué viene tanta hostilidad? ¿Que te he hecho yo?- me atreví a recriminar.
-Existir, los humanos no deberíais existir, sois una raza imperfecta, llena de hipocresía y crueldad. Nunca tenéis suficiente, maltratáis todo cuanto os rodea incluso a las personas que queréis. Si yo hubiese sido Jake, te habría matado yo misma. No sé que vio en ti, no eres más que otra malformación de la naturaleza.- Cerró con un portazo y se marchó.
No sé cómo había conseguido el odio de otra psicópata más por el hecho de ser humana. Era algo tan descabellado como estúpido sin embargo, cada vez creía más en la historia de Jake y de Peter, al final una persona sana estaba perdiendo su cordura con tanto psicópata.
Tenía que marcharme de allí, cuando la noche reinase y todos estuvieran durmiendo. Por lo pronto solo podía esperar y dejar la bandeja llena, a pesar de no haber digerido nada con tan solo pensar en ingerir algo se me revolvían las entrañas.
Espere con paciencia planeando una huida perfecta, investigando como salir de estas cuatro paredes sin ser vista y contarle lo sucedido a Frederick y mi madre, que me abrazase como cuando tenía ocho años y las pesadillas se adueñaban de mí susurrándome que todo estaba bien, que era solo un sueño. No sabría decir cuánto tiempo estuve esperando al momento perfecto pero sentí un impulso irrefrenable que me llevaría a la libertad y supe, que aquél era el momento. Me levante de la cama con cuidado, evitando que los muelles chirriasen y me delataran. Con delicadeza abrí la puerta que cedió con un chasquido. Viré la cabeza a ambos lados, con ojos avizor, pero solo conseguía ver un largo pasillo reinado de oscuridad, con tenues rayos de luna que se filtraban a través de los ventanales de adornos góticos. La superficie del suelo era puro mármol, tan suave al tacto de mis pies descalzos que me producía una sensación agradable. Caminé pegada a la pared, deslizándome con cuidado y evitando cualquier ruido. Apenas había avanzados unos pasos, cuando sentí la presencia de alguien justo detrás de mí. Estaba aterrada, era como una de esas películas de miedo en las que el asesino, el fantasma o el elemento más inquietante se encontraban justo detrás de la protagonista. Pensé rápido y propiné un codazo hacia atrás intentando quitarme ese “algo” de mis espaldas. Para mi sorpresa todo ocurrió muy deprisa, sentí unas garras de acero presionando mi muñeca, tiró de mí con la misma facilidad que una muñeca dándome media vuelta, chocándome la espalda con brusquedad en la pared. Reprimí un grito de dolor justo al tiempo que abría los ojos buscando a mi atacante.
Jake.
Me miraba con esos ojos de sosiego, de tranquilidad y paz, tan cerca que podía sentir su aliento. A la luz de la luna, sus angulosas facciones brillaban con una palidez sobrenatural, exótica, lo que me hizo pensar en esos instantes que parecía el chico más atrayente que había visto nunca.
-¿Pretendías escapar?- Mi corazón se aceleró irrefrenablemente, una mezcla entre terror y nerviosismo. No encontraba palabras para excusarme además aun que las tuviese la maraña de nervios me impediría hablar. Aproximó sus labios a mi oído izquierdo, pude sentir como se acercaba más y más hasta que apenas un centímetro nos separaba.- No me he jugado el cuello en aquella fiesta por una simple humana, hazme ver que vales la pena y no pretendas huir como una cría asustada.- su voz era apenas un susurro.
Todo comenzó a darme vueltas, una sensación semejante al desmayo que me llevó hasta aquí. Fui incapaz de mantener el equilibrio, mis piernas se doblaron y de nuevo, caí en brazos de Jake antes de perder el conocimiento.

capitulo 5

Seguía mareada cuando recuperé la consciencia. Notaba como los suaves latidos de mi corazón se transformaban en punzadas de dolor al llegar a mi sien. Traté de recordar lo vivido en un intento de explicar el penoso estado en el que me encontraba, pero solo pude salvar algunos episodios como mi llegada a Queens Gate o los mortíferos dientes de aquel ser con aspecto humano y extremadamente carismático.
Tenía los músculos entumecidos y paralizados, me dolían los huesos y parecía tener una tonelada de piedras encima de mis párpados. No podía dar ningún síntoma de mi consciencia, no por ahora. Estuve un rato inmóvil, intentando llegar a nadar en las lagunas que habían conquistado mis recuerdos, en vano. Unos diez minutos pasé, o eso me pareció, hasta que escuche el chasquido de una puerta al abrirse con delicadeza. Noté como la oscuridad daba paso a una luz que se filtraba a través de mis parpados, suave, no muy intensa, como la de una lamparita de noche. Pude imaginarme por las pisadas que inundaban la habitación, que no era solo una persona la que había entrado, si no, aproximadamente unas dos, las cuales entablaron una extraña conversación:
-¿Cuándo crees que despertará?- Era una voz femenina, firme, con una pizca de fastidio.- Lleva así tres días…
-Parece mentira que no sepas ya el efecto que pueden llegar a tener los encantos, si no sucumbes, mueres, es una suerte que haya sobrevivido.
Cuando escuché la voz que respondía a la femenina, algo en mi interior gritó de terror. Jake, el asesino de Annie, me había traído hasta aquí y al parecer me había salvado.
-¿Qué es lo que buscáis en ella? No entiendo porque no la dejasteis morir, ella no es uno de nosotros.- escupió aquellas palabras con desdén.
-Tiene un aura extraña.-contestó Jake con serenidad.
¿Un aura extraña? ¿Que no soy como ellos? Vale, algunas personas creía en el aura de las personas, pero todos somos humanos, no puede haber un: no soy como tú.
-Si no despierta pronto, la mataremos.- dijo la chica antes de volver a escuchar el chasquido de la puerta y un sonoro portazo.
Todo volvió al silencioso el cual me reconfortaba en esos momentos. Me sentía en una casa de locos o en el santuario de alguna secta satánica. Me iban a matar si no despertaba pronto ¿Qué querían que hiciese? No puedo moverme lo más mínimo, podrían matarme sin si quiera saber que estoy consciente, que no estoy en coma. Cada vez estaba más asustada, me sentía impotente e inútil.
-Sé que puedes oírme, no dejaré que te maten.- Jake, me susurraba al oído.
Podía notar su presencia a mi lado, lo que me alteraba aún más. No dejaría que me asesinasen, pero él mató a Annie, aquello era una locura.
Del miedo saqué fuerzas, mis párpados temblaron un momento antes de abrirse lentamente y con dificultad. Al principio tuve que cerrar los ojos varias veces, la escasa luz me quemaba como el fuego la retina. Estaba tirada en una cama complemente blanca, entre cuatro paredes que bajo el influjo de la luz adquirían un tono anaranjado, y justo a mi lado Jake me observaba con atención sentado en una silla. Parecía no haber dormido mucho, dos agujeros oscuros, que contrastaban con el pálido de su piel, caían bajo sus ojos. Me dedicó una media sonrisa.
-Mis palabras te han causado efecto por lo que veo.
No contesté, tenía mil preguntas que hacerle como para gastar la poca energía que había aflorado.
-Te traeré algo para beber, llevas tres días sin ingerir nada.
Antes de poder decirle nada, el chico desapareció por el umbral dejando la puerta cerrada, pero no tardo ni cinco minutos en volver.
Me ayudó a incorporarme un poco y me tendió una taza de un extraño brebaje azulado que desprendía volutas de humo del mismo color. Jamás había visto un líquido igual. Acerqué la nariz para olerlo, pero no me sirvió de nada.
-bébetelo, te ayudará a recuperar el habla.- me informó.
Sorbí un poco, tenía un extraño sabor salado, pero estaba delicioso y además me calentaba la garganta.
Mientras yo me bebía a pequeños tragos el preparado, él me observaba con curiosidad, como si esperase algo. Cuando terminé le devolví el vaso y lo dejó en una pequeña cómoda al lado de mi cama, donde brillaba la lamparita que iluminaba la habitación.
Tragué saliva mientras le devolvía la mirada a Jake, entonces fui capaz después de tres días, de articular palabra.
-¿Dónde estoy?- mi voz era ronca y adormecida, apenas un hilo.
-En mi casa. Siguiente pregunta.- parecía divertirse viéndome tan desconcertada.
-Eres un asesino.- la palabras fluían a medida que aparecían en mi pensamiento.
-Se podría decir que soy un asesino, sí, pero si ejerzo de esto es para salvaros a vosotros.
-¿a nosotros?- no entendía lo que quería decir.
-Sí, a los humanos.
-Estás loco, tú también eres un humano.- empecé a tomar un tono ácido.
-¿La Annie que viste lo era? ¿El chico que nos perseguía lo era?- parecía impacientarse.- verás, creemos que tu tampoco eres una humana, por eso te salvé, pero no estamos seguros, no tienes ninguna cualidad especial, ni nuestra complexión, pero tienes un aura llamativa.
-¿Qué no soy humana? Que quieres decir ¿Qué soy?- parecía hablar con un psicópata.
- Es posible que…
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiese contestarme. Vi entonces una sonrisa radiante dibujada en un rostro dulce con mechones de cabello dorado cayéndole por la frente. Peter, estaba aquí. Se abalanzó sobre mí, rodeándome con los brazos como si hubiese vuelto a verme después de largos años. Jake soltó un bufido.
-¡Por fin has despertado!- me dijo.
-Peter ¿Qué está pasando?- no le conocía muy bien, pero me inspiraba la confianza que Jake no podía.
-Es una larga historia San. Te viste involucrada en algo que no tenía nada que ver contigo, fue un error fatal, puede que ya no vuelvas a ver la vida como la veía antes…
-Corta ya Peter- le frenó Jake- San, no somos humanos, somos híbridos, entre Ángeles y Demonios, Annie era una demonio y por eso tuve que matarla, al igual que el chico que te encantó en la fiesta. Somos más resistentes a los demonios que los ángeles porque tenemos su sangre corriendo por nuestras venas, y viceversa. Por eso, ambas razas nos repudian.
-Has sido muy brusco- le regañó Peter- ¿Cómo pretendes que se recuperé así?
Me veían cara de tonta o algo así pensé, nadie se tragaría algo así. Así que con los nervios a flor de piel, con una mirada desafiante, les contesté.
-Quiero volver a casa, estáis locos ¿Qué os habéis tomado?
-Cálmate San…- suplicó Peter.
-¡Cómo quieres que me calme! Me estás tomando el pelo como una idiota, tú y el asesino.- parecí herir con aquello a Peter, su rostro de contrajo en un gesto de tristeza.
-San, por favor- estrechó mi mano entre las suyas- Sé que es difícil de creer.
-¿difícil?- solté una sonrisa sarcástica.- es imposible.
- Pon un poco de tu parte San, la realidad es mucho más de lo que a ti te han enseñado. Si te atreves a negar lo que no ves con tus ojos eres una necia.- Jake perdía la paciencia por momentos.
-Bien, supongamos que eso de ¿caza demonios? Es cierto. ¿Qué tiene que ver conmigo? Se vuestro secreto sí, pero ¿que mas tengo de protagonismo en esta historia?
-Jake nota algo extraño en ti, tienes un aura exótica, diferente a la del resto de humanos…-dejó aquellas palabras suspendidas.
-Quiero hacerte algunas pruebas.- me anunció Jake.
-¿Qué tipo de pruebas?
-Tranquila San, descansa y asimila lo que sabes hasta ahora. Cuando te recuperes completamente ya veremos que hacemos contigo.- La voz de Peter era como un punto de cordura en la locura en la que me encontraba.- Esta noche Jake velará.-Pude ver como Jake le lanzaba una mirada agitada a Peter, parecía no gustarle mucho la idea <> pensé.
-Dentro de una hora te traeremos la cena, mientras tanto intenta dormir un poco.-comentó Jake.
-¡espera! ¿Qué es de mi familia y de Frederick? Deben estar preocupados…
-Tranquila, nos hemos ocupado de eso.- Peter cerró la puerta tras de sí, dejándome de nuevo confusa y en una oscuridad tan densa dentro de mí, que la luz si quiera podía atravesar. ¿Cómo he llegado aquí? Hace apenas unas horas era una chica que acababa de comenzar sus deseadas vacaciones de verano ahora estaba secuestrada por dos psicóticos que decían ser caza demonios y una psicópata que quería matarme y a la cual no le había visto todavía.
En esta habitación sentía como los segundos se alargaban a minutos y los minutos a horas. Traté de mantener la mente fría, de no pensar y simplemente descansar pues así el tiempo me sabría a poco pero esas cuatro paredes me ahogaban en mis dudas. Cuan creí que se habían olvidado de mí, escuché el chasquido de la puerta, un soplo de aire frío para el estado en el que me encontraba.
Odiaba estar sola.