No caí en un sueño tan profundo como la última vez, al menos no me lo pareció puesto que en momentos de lucidez podía despejarme del sueño interrumpido que me asaltó esa noche. Desperté al parecer unas horas después Peter llamó a la puerta y me comunicó que en breves traería un desayuno sustancial, que esperaban verme recuperada pronto. No le comenté nada de lo sucedido anoche, no quería que Peter se enterase de mi plan de huída fallido, al menos no por el momento.
Jake no hizo acto de presencia en mi habitación durante toda la mañana.
Tomé el desayuno con Peter, hablando de cosas sin importancia, del instituto y de las numerosas muchachas que soñaban con él. Se limitaba a sonreírme y desviar la mirada, era la primera vez en lo que llevaba aquí que me sentía agusto, que me sentía bien, gracias a Peter. Ese chico no era solo una bonita carcasa, me demostraba que no quería hacerme daño, que me iba a ayudar a superar esta nueva realidad a pesar de que éramos “diferentes”. Suponía un gran apoyo para mí.
Tras el desayuno me invitó a dar un paseo por las instalaciones, era la primera salida “legal” que iba a hacer desde que llegué.
Peter me explicaba que esta instalación era una antigua mansión a las afueras de Londres rehabilitada para el disfrute de ellos, que a pesar de ser muy jóvenes tenían sus contactos para adquirir las cosas legalmente y sin problemas. Aun que sentía curiosidad de saber más sobre esto, como por ejemplo que era de sus padres, no lo pregunté, supuse que si no me había contado esta parte sería porque no quería que supiese más de lo necesario de él. La mansión gótica estaba llena de habitaciones vacías, solo eran tres personas, no conseguía entender el porqué de una mansión hasta que me comentó que antiguamente, cuando ellos eran pequeños prácticamente todas las habitaciones estaban ocupadas, pero ocurrió “algo” que espantó a todos y solo ellos echaron raíces aquí. Su tono de voz vacilaba cuando hablaba de esto. “Investigaré sobre ese “algo” más adelante” pensé.
Finalmente llegamos a una amplia sala, con sofás de tapiz blanco adornados con cruzados de oro, paredes blancas de mármol al igual que el suelo, y un enorme ventanal que daba a un jardín lleno de rosas rojas. Los cuadros de aquella sala parecían robados de algún museo del siglo XVI, antiguos monarcas medievales de rasgos pintorescos aparecía en ellos. Era una estancia sobrecogedora, propia de tiempos antiguos.
-Este es el salón, ahí tienes una televisión, rompe los esquemas de este decorado pero ¿qué hacen unos adolescentes sin televisión aparte de cazar demonios? Vamos a quedarnos aquí un rato, voy a devolverte un poco a tu normalidad. Mañana seguiremos con el tour turístico por los pisos inferiores.
¿Pisos inferiores? Más que una mansión me parecía un castillo, mi imaginación me hizo pensar que abajo se encontraban las mazmorras, típicas estancias talladas en rocas mugrosas y sucias donde se podrían los demonios que cazaban. Tendría que esperar para descubrirlo.
Hacia el mediodía un taconeo fuerte y agitado se escuchó por encima del monólogo que sonaba en la televisión. La chica hostil apareció con el rostro salpicado de gotas negras y en su fina piel mostraba un arañazo propio de una garra felina del que brotaba una sangre espesa que caía al suelo como perlas de rubí, manchando el impoluto mármol.
-¡Peter! ¡Jake está solo, necesita tu ayuda! Traté de hacerles frente con él pero me resultó imposible ¡Nos asaltaron!
Peter dio un saltó del sofá, parecía que una alarma invisible hubiese agitado la mansión.
-¡Penélope cuida de Sam! Volveré con Jake.
Agarró a toda prisa una cazadora negra que colgaba de un perchero, sin ponérsela, abrió la ventana que daba al jardín y entonces vi lo que me hizo creer que todo aquel cuento de demonios y seres sobrenaturales no era una falacia. De su espalda, brotaron dos enormes alas, como las de un ángel, de un blanco manchado y sucio más grises que de otro color. Cuando escuchó el sonido de mi garganta que representaba mi sorpresa dirigió una mirada hacia atrás, me miró como nunca lo había hecho, con pena en sus ojos, como si fuese un monstruo y hubiese destapado su faceta más horrible. Volvió su cabeza al cielo y batió sus alas, agitando el viento. En cuestión de segundos despegó como un pájaro, alzando el vuelo. El vendaval me impidió ver más que esa escena, tuve que cubrirme la cara con los brazos para evitar que los guijarros levantados por el viento me golpeasen la cara. Fui testigo de que los ángeles existían. Un quejido me devolvió en sí, la muchacha, que al parecer se llamaba Penélope se observaba sentada sobre sus rodillas en el mármol el arañazo, evitando soltar más quejas del dolor que parecía abrasarla viva. Me acerqué hacía a ella decidida a ayudarla pero antes de alcanzarla con voz temblorosa me dijo:
-¡Tenemos que curarte eso no seas idiota, a este paso vas a desangrarte!
Rió de tal manera que me pareció igual que una hiena, me dirigió una mirada llena de desdén.
- ¿De verdad crees que las heridas de demonios se curan con agua y alcohol? No puedes ayudarme, no sirves para nada.- un quejido aún más desgarrador que el anterior se hizo eco en el salón.- Tráeme un trapo rápido.
¿Un trapo?¿ De dónde iba a sacar un trapo si ni si quiera sabía dónde estaba mi habitación? Casi instintivamente mordí la manga de mi camiseta azul y rasgué una tira de tela lo bastante larga para rodear el brazo de Penélope. Le tendí el jirón y esta lo agarro de mala gana, lanzando un zarpazo. A duras penas consiguió atarse con la boca y la mano del brazo no herido el trapo, taponando la constante salida de sangre. <" Cualquier persona habría muerto con la cantidad de sangre que ha derramado " pensé. Penélope suspiró y con esfuerzo se puso en pie.
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