
Apenas un par de minutos más tarde una silueta recortada de insinuantes curvas giró la esquina. Era Claire, con un cortísimo vestido, palabra de honor, de cuero negro. Se había recogido sus largos cabellos en una coleta alta muy recatada, algo bastante poco común en ella. Parecía mucho más mayor con ese escote, ese peinado y esos tacones por no hablar de sus quilos maquillaje. Estaba realmente guapa, pero no era ella. Al verme, sus labios se volvieron una diminuta línea, como si estuviese disgustada, y así era.
-¿Cuál es tu concepto de ir arreglada Sam? Creía que por primera vez podría verte con un bonito vestido o unos tacones. Como no te dejen entrar terminaré con tu existencia.- Bromeó.
Una tímida sonrisa cruzó por mi rostro. Sabía que haría algún comentario sobre mi vestuario, así que ya tenía una respuesta preparada.
-El día de tu boda con Peter me vestirás tú ¿vale? Hasta entonces nada
Ella enrojeció súbitamente, desvió la mirada y echó a andar, la seguí.
No tardamos mucho en llegar al parque donde prácticamente todos mis compañeros ya estaban aburridos de esperar, pero lo cierto es que todavía no era la hora. Claire tiro de mí cogiéndome del brazo y me arrastró hasta donde Peter charlaba con el estúpido de Carl.
-Hola Peter- dijo ella interrumpiendo la conversación- ¿lleváis mucho esperando?
-No- su pelo aleonado brilló a la luz del farolillo cuando éste se giró hacia Claire. Ésta suspiro nerviosa, sin saber muy bien que decir, le seguí la conversación haciéndole un favor.
-¿Falta alguien más?- pregunté.
-No- sus ojos se clavaron en mí como cuchillas, parecía estar sorprendido de que abriera la boca-Esperábamos a Claire, no pensaba que ibas a venir Sam.
-No habría venido, dale las gracias a esta cabra loca- desvié la mirada hacia Claire para que el chico se fijase en ella, pero no la apartó de mí, parecía entretenido, como si mirándome pudiese hurgar en mis pensamientos.
Alguien anunció a los demás que ya habíamos llegado y podíamos irnos, solo entonces desvió la mirada al gentío que avanzaba como ovejas.
Para mi desgracia, el gorila me dejó pasar junto con Claire, no se molestó en pedirnos el carnet. El ambiente estaba cargado allí dentro, luces de neón de los colores del arcoíris se movían de un lado para otro y la luz se intercalaba. Estaba bastante lleno, docenas de adolescentes se amontonaban en la pista de baile con copas en la mano y restregándose a cualquiera del sexo opuesto, resultaba una visión bastante denigrante y fastidiosa, pero sabía con lo que me toparía cuando me decidí a venir. Claire desapareció enseguida entre la multitud y yo, sola, decidí sentarme en un sofá blanco al lado de la pista. No me di cuenta de que Peter venía cargado con dos copas, hasta que me hundí y me desequilibré en el sofá cuando él se sentó a mi lado. Con una sonrisa arrastró con la mano una de las copas que contenían una extraña bebida rojiza, como la sangre.
-Se llama piruleta -dijo-tranquila, no es para nada fuerte.
Sostuve la copa entre mis manos, notando el frió que emanaba
-Gracias, no tenías por qué.- me limité a decirle. ¿Dónde estaría Claire ahora mismo? Es extraño que no estuviese con Peter.
-¿Porqué no bailas?-parecía empeñado en sacarme conversación-¿no te gusta este sitio?
-No, lo cierto es que no, vine para acompañar a Claire.
El chico bebió un sorbo de su copa y miró al frente, viendo a aquella gente bailar, si es que se podría decir así. Sonrió misteriosamente y se levantó de una salto, tendiéndome la mano aún con aquella sonrisa.
-vamos, baila.- me desconcertó por completo, no sabía que decir. Finalmente le tendí la mano y me levantó con fuerza cogiéndome justo a tiempo cuando choqué contra él. Era cálido y agradable, desprendía un dulce aroma que no sabría identificar con nada, simplemente era maravilloso. Solo es roce de sus brazos hizo que mi sangre hirviera como una olla apunto de desbordarse. No me atreví a mirarle, estaba clavada en el suelo muerta de vergüenza. Seguramente mi cara estaría realmente enrojecida. No entiendo como no le prendí fuego a su camisa negra de la alta temperatura que había alcanzado. Resultaba realmente hipnotizante y embriagador estar tan cerca de Peter. Antes de que pudiese decir nada, saltó hacia atrás como un gato, parecía ruborizado.
Me arrastró a la pista de baile donde distinguí a Claire moviendo la cabeza de un lado a otro con creciente intensidad, parecía preocupada.
-¿Sabes? Creo que hay otra persona a la que le gustaría mucho más que yo que le concedieras un baile.- Las palabras se me escaparon como balas de escopeta. No habría estado mal bailar con aquel encantador chico parecido a un príncipe de cuentos infantiles, pero no podía hacerle algo así a Claire, Así que me deshice de su mano y me perdí entre la multitud, hacia la salida. Necesitaba tomar un poco el aire. Salí a trompicones, empujando a la gente que obstruía la salida. Hasta que finalmente salí al parque donde tomé una bocanada de aire fresco. Me Apoyé en la pared grisácea del local y solté todo el aire que mis pulmones rechazaban. Me quedé fija mirando al suelo digiriendo lo ocurrido. El chico que volvía loca a las estudiantes me había invitado a un baile. Si, no significaba gran cosa, pero lo había hecho y que yo supiera, por lo general, nunca se acercaba a las chicas, al contrario, las repelía. Solo cuando ellas se acercaban a él intercambiaba alguna palabra o simplemente les dedicaba una de sus encantadoras sonrisas.
Escuché un sonido metálico a un par de metros de mí que me devolvió a la realidad. Dirigí la mirada hacia donde me pareció oír el ruido y vi a un muchacho, más o menos de mi edad que se encendía un cigarrillo con el mechero. "eso era, el mechero" caí. Lo observe con detenimiento mientras dejaba caer mi pelo a modo de cortina, en un burdo intento de ocultar mis ojos. El chico vestía completamente de negro. Llevaba una camisa por fuera de unos pantalones entubados que se perdían en el interior de unas toscas botas militares. Resultaba curioso, Los mechones de pelo oscuro le caían sobre la frente, casi cubriendo sus ojos. Miraba al infinito, absorto de todo, mientras le daba caladas a su cigarrillo con toda tranquilidad. Pareció darse cuenta de mi descaro, a pesar de mi cabello. Volvió la cabeza con brusquedad hacia mí, me quedé paralizada. Sus ojos eran inflexibles esquirlas grises que parecían quemarme del mismo modo que el hielo. Retrocedí sobre mi misma pero el chico curvó sus labios en una media sonrisa quitándome algo de aquella terrible sensación que se había apoderado de mí. Tendió una pequeña cajetilla negra, con los trazos de un demonio rojo sosteniendo un tridente, a la derecha de unas letras blancas y curvadas donde pude leer Black devil
-No gracias, no fumo- le conteste con un hilo de voz.
-Que manera más estúpida de no aprovechar la vida.-Su voz eran tan gélida como sus ojos, autoritaria y firme, pero realmente embaucadora.
Le dediqué una amplia sonrisa socarrona. Se revolvió un poco, guardando el paquete de tabaco en el bolsillo del pantalón. Ante la escasa luz pude ver una piel pálida y tersa, como un pulido trozo de mármol blanco que se curvaba con suavidad dando paso a unos pómulos marcados.
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